domingo, 17 de enero de 2016

Moreno Valle, genio y figura



El periodismo es libre o es una farsa.
Rodolfo Walsh

Desde su primer día de gobierno, Rafael Moreno Valle Rosas mostró su interés para cambiar lo que él pudo haber visto como el estereotipo rústico de la provincia mexicana. De ahí su interés por maquillar y vestir de lujo a la capital del estado dotándola de una obra pública moderna, cara y digamos que vanguardista. Lo malo es que la inversión resultó contrastante con la pobreza en Puebla.
El empeño morenovallista incluyó la privatización de las carreteras y el usufructo de los bienes públicos. Rebasó las expectativas de los sorprendidos gobernados y sacó de su modorra a los celosos vigilantes de nuestro patrimonio histórico. Unos asombrados por la rapidez y urgencia en construir lo que habría de servir como símbolo arquitectónico de los 150 años de la Batalla de Puebla, por ejemplo. Y los otros indignados debido a que jamás fueron tomadas en cuenta sus opiniones a priori y posteriori, dictámenes relativos a la conservación de la herencia histórica que, entre otros galardones, dio a Puebla el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad. El choque frontal del poder concentrado en un gobernante voluntarioso, contra la opinión pública opuesta a la manipulación mediática que acostumbra el gobierno, el que sea.
La prensa también formó parte de esos desacuerdos o contradicciones. Primero la consideró pastoril, pueblerina y por ende estorbosa, rebasada e inservible: no encajó con el “alto perfil” político y social que se arrogó. Y segundo le resultó incómoda y molesta en virtud de su apertura y libertad para actuar, al principio obligada por el trato a veces ofensivo y después entusiasmada por haber “descubierto” el papel crítico que exigen los lectores. Podríamos decir, valga la alegoría, que Moreno Valle se transformó en algo parecido al doctor Frankestein ya que formó la criatura que se rebeló contra él, su “creador”.
Así pensó la mayoría de los trabajadores de los medios de comunicación escrita y también de los electrónicos cuyos propietarios, según trascendió, aceptaron limitar la libertad de expresión de sus comunicadores y periodistas, condición sine qua non para firmar los llamados convenios de publicidad.
En fin…
Cuando escribí lo que acaba de leer lo hice pensando en que el tiempo haría recapacitar al gobernante. Me equivoqué. Los errores o caprichos fueron y, creo, serán recurrentes dado que su visión sobre los gobernados sigue siendo la misma que cuando los ubicó en el peor nivel de sus peregrinas apreciaciones. Uno de sus cercanísimos colaboradores, mismo que cayó de su gracia debido a un desaguizado sentimental, me manifestó su preocupación por el futuro de Puebla: “Rafa nos ve como si todavía usáramos taparrabos”, dijo el hoy ex amigo del gobernante.
Lo que nunca imaginé es que el empeñoso buscador de poder llegara a ubicarse ante la disyuntiva nada agradable para él dado que ahora su futuro depende del presidencialismo forjado en la fragua priista. Me refiero al sistema que gobierna y ha demostrado repudiar a los traidores (Moreno Valle lo es), a quienes suele cobrarles su felonía valiéndose de la ley (Elba Esther Gordillo, por cierto impulsora de Rafael, encabeza la lista de recipiendarios de semejante revancha). Veamos:
De todos modos Juan te llamas
El proceso sucesorio parece traer malos presagios para el mandatario camotero de cuyas habilidades y control electoral depende que gane su candidato y, por ende, que pierda el PRI.
Eso que parecería un avance en su proyecto presidencial, podría ser su desgracia debido a que los priistas en el poder le aplicarían la ley en su sentido más draconiano, hurgándole en los intríngulis del gasto público y, en especial, en la deuda que ha contratado, pasivo que no dejará de serlo a pesar de las maromas financieras que llevan su marca.
Y si pierde, la derrota lo exhibiría como un político fracasado ya que se iría al caño todo su esfuerzo, el cual incluye la manipulación de las normas electorales, los excesos en el manejo de su imagen y desde luego el dispendio cuya regla ha sido beneficiar a los fuereños habiltados como contratistas del gobierno poblano.
Auméntele lo peor para él, que es el descontento que sembró en miles de poblanos: lo ven como enemigo de los pobres, represor de líderes sociales, adversario de los burócratas, manipulador de la política local, corruptor de las ideologías, amigo y promotor de los hombres de la riqueza producto del capitalismo de cuates, comerciante del poder político, megalómano y presumido. Una versión “honesta” de Humberto Moreira, pero sin un hermano que lo suceda.
¿Cambiará? No lo creo. Sin embargo, sin duda hará el esfuerzo por adoptar la máscara esa que nunca pudo ponerse Gustavo Díaz Ordaz. Genio y figura...
@replicaalex

Nota al calce: me ausenté de este espacio debido al mal que me ubicó en el umbral de la muerte. La libré gracias a la energía y oraciones de mi familia. Así que por aquí me tendrán por varios años más, si Dios lo permite.