lunes, 6 de enero de 2014

Moreno Valle, ¿producto milagro?



Por Alejandro C. Manjarrez

Algún día Rafael Moreno Valle será recordado como algo parecido al beato Juan Diego. Esto porque iniciado el milenio se topó con la entonces milagrera Elba Esther Gordillo Morales, encuentro que cambió la vida de Puebla para, según la nueva tendencia inspirada en el pragmatismo político nacional, mejorar e impulsar los buenos negocios digamos que oficiales. En este portento debo incluir a Felipe Calderón endilgándole funciones parecidas a las del Señor de las Maravillas, ya que el michoacano convirtió en cualidades las traiciones de la Maestra, apostasía que a Felipe le permitió ganar la Presidencia de México y a Rafael transformarse en gobernador de Puebla.

Eso es lo que establece la historia reciente, hitos que nada ni nadie podrán borrar o tergiversar con la intención de que la sociedad olvide lo que produjo el fenómeno gordillista, suceso que dejó de serlo cuando Enrique Peña Nieto lo borró de la lista de compromisos políticos republicanos. La milagrera cayó en desgracia mientras que sus beneficiarios fueron objeto de la gracia que a sus hijos bien portados concede el sistema político mexicano.

De este proceso milagroso surgió, además de un gobernador en pleno ejercicio de su poder, el portento del desarrollo urbanístico y recreativo. Puebla dejó de ser una referencia histórica patrimonial convirtiéndose en polo de atracción para los inversionistas cuyo éxito se basa en “asociarse” con el gobierno.

Gracias pues a esa extraordinaria visión financiera y comercial, la entidad recibió el dinero fresco de los inversionistas que no dan paso sin huarache. Y se creó así el esquema de “pasivos financieros” que —publicó el diario Cambio (6 de enero, 2014)— produjo un pasivo estimado de 9 mil 70 millones de pesos, cifra que se compara con la deuda contraída por el gobierno de Mario Marín Torres.

La otra cara del “milagro”

Para lograr no sólo la consecución sino la proyección del milagro gordillista, fue necesario replicar y dar formalidad jurídica a lo que entonces ocurría en el SNTE: en vez de delegados afines y sometidos a la directriz de la señora Gordillo, se designaron diputados confiables y dispuestos a ser sumisos seguidores del titular del poder Ejecutivo poblano. Por ello fue posible armar la estructura jurídica que dio legalidad a las acciones empresariales y gerenciales del gobierno morenovallista. De esta manera la obra pública tuvo la participación de la iniciativa privada a través de los Proyectos para la Prestación de Servicios (PPS), que no es otra cosa que un esquema de inversión privada en la cual —argumento el calderonato— el inversionista diseña, construye, financia y opera la infraestructura de apoyo a la prestación de los servicios públicos, todo ello sustentado en un contrato a largo plazo cuyo costo paga el gobierno, con dinero del pueblo, naturalmente.

El estilo que también funciona en el Reino Unido modelo copiado por la administración de Felipe Calderón no incluye desde luego la “privatización” del criterio de los diputados. Esto es una de las modalidades que puso en práctica el gobierno morenovallista, aportación que si fuese éticamente posible seguramente ya se habría adoptado en la Gran Bretaña para que los comunes fueran tan comunes como nuestros ilustrísimos diputados.

La piedra política filosofal

La nigromancia también resultó parte de las aportaciones de Elba Esther; por ejemplo: el Panal, su partido, atrajo a los abejorros del PRD, PAN y Convergencia. Y con ese extraño e histórico amasijo se produjo Compromiso por Puebla, membrete que más tarde adquirió la condición de partido político perdone usted el siguiente eufemismo independiente del poder gubernamental.

Una vez consensuado el criterio de nuestros legisladores, se les entregó la iniciativa que habría de producir el nuevo periodo legislativo y municipal consistente en cuatro años y ocho meses de gobierno. Y se acomodaron las calabazas que ocuparán el nuevo tren cuyo destino será la sucesión presidencial del 2018: diputados y presidentes municipales afines al proyecto diseñado creo para dar continuidad al programa que, si el PRI se vuelve a dormir, recibirá o apechugará el gobernador de un año ocho meses cuyo objetivo también lo supongo será abonar el terreno hacia Los Pinos.

Así llegamos al tercer año de gobierno de Puebla. Con todo planchado pues. Si el que esto escribe hiciera eco a lo publicado por un colega columnista en cuyo espacio no hay más paradigma que el gobernador poblano, tendría que decir que Enrique Peña Nieto debería ir preparándose para entregar el poder a Rafael Moreno Valle Rosas. Pero como no comparto ese criterio chambón, diré que en este inicio del declive natural de su mandato (cuenta regresiva), Rafael está más que obligado a tomar en cuenta para interpretar el sentir de los poblanos. Y meterse en la cabeza que ya se acabó la milagrería personificada por Elba Esther Gordillo, ahora su piedrota en el zapato.


@replicaalex