domingo, 14 de octubre de 2012

Periodismo vs poder político


Grafico tomado de Radiografía Mundial.com
 
Por Alejandro C. Manjarrez
Eran tiempos de Guillermo Jiménez Morales.
“El periodismo en Puebla tenía en Enrique Montero Ponce a un maestro de la generación que junto con él trascendió al tiempo. Su capacidad y sensibilidad reporteriles lo alejaron de la tentación que secuestró a otros dos personajes de la época, los mismos que quisieron manejar la prensa escrita como si ésta fuese un negocio de toma y daca o una actividad que por añeja hubiese sido propia de la época del virreinato. La intemporalidad de don Enrique, premio nacional de periodismo, se debe precisamente a su profesionalismo y visión periodísticas.”
Esto lo dije durante la presentación del libro de Blanca Lilia Ibarra (Expresiones entre lo publico y lo privado), acto que tuve el privilegio de conducir (2009). Manuel Bartlett Díaz, Guillermo Jiménez Morales, Blanca Alcalá Ruiz y Enrique Montero Ponce, fueron los presentadores de la obra que compila las entrevistas de la periodista, hoy en funciones de presidenta de la Comisión para el Acceso a la Información Pública.
Viene a cuento la remembranza porque don Enrique acaba de presentar su más reciente libro ¿Y ahora qué, Enrique?, un trabajo cuyo contenido son las reflexiones del propio periodista, recuerdos escritos como dice Pedro Ángel Palou en el prólogo con la soltura que traza el laberinto político mexicano de las últimas décadas.
La habilidad que refiere Palou me invitó a recorrer sus páginas para constatar que, en efecto, Montero Ponce tuvo la oportunidad de navegar en la cresta de la ola del entonces (como ahora) agitado mundo político nacional. Encontré en sus textos la oportunidad de viajar del pasado al presente (y viceversa) en un santiamén para concluir que han cambiado los hombres que ejercen el poder no así la esencia que, con algunas variables, sigue siendo la misma aunque con una venturosa diferencia compensatoria: la actitud de las nuevas generaciones cuyas críticas y protestas se manifiestan al instante gracias a la inmediatez auspiciada por las redes sociales.
Valiéndose precisamente de esas redes sociales (Twitter), el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas dijo que se encontraba en el festejo del 43 aniversario de Tribuna, donde, por cierto, se presentó el libro de marras. Fue uno de los cientos de mensajes informativos y auto promocionales que vía el pajarito azul acostumbra a enviar el mandatario. Y así como tal la esquela propagandística quedó en mi mente hasta que leí en ¿Y ahora qué, Enrique? lo que en seguida transcribo:
El coronel me presentó al doctor y general Rafael Moreno Valle, quien de secretario de Salud en el sexenio del presidente Gustavo Díaz Ordaz vino a Puebla como candidato a gobernador del estado.
“El general Rafael Moreno Valle es mi hermano y vamos a darle todo nuestro apoyo”, me dijo el coronel. Se cubrió con esmero la campaña del candidato hasta que fue electo gobernador.
A unos meses de la toma de posesión, el coronel me llamó una mañana para ordenar: “¡Vamos a darle con todo a Moreno Valle! La voz enérgica y la orden dictatorial me desconcertaron. “Hace unos meses…” me atreví a responder recordándole su recomendación anterior. El periodista es un soldado y debe obedecer a sus superiores. La redacción me pareció un cuartel. En poco tiempo, el general Moreno Valle me brindó su amistad. No olvido su interés y sus atenciones cuando solicité una recomendación para que atendieran a mi hija Alejandra en el Instituto Nacional de Neurología. La gratitud es para toda la vida.
La campaña contra Moreno Valle fue diaria y subía de tono. Las órdenes se cumplían, pero una me desconcertó: “Dale con todo al gobernador y firma la nota”.
Coronel, usted es el dueño del periódico, pero no de mi nombre. No firmo la nota.
¿Noooooo? Preguntó.
No, coronel.
El impacto del teléfono para cortar la comunicación señaló lo que me esperaba. Mi nombre desapareció del directorio y mis columnas dejaron de publicarse. Es el momento crucial de un periodista. El editor cuida sus intereses y ordena arbitrariamente. Es el choque entre el periodista y el dueño del diario. Si te doblegas, pierdes tu independencia y tu libertad de expresión. Si te rebelas, defiendes la dignidad de esta bendita profesión…
El coronel José García Valseca era, literalmente, un soldado y por ello obedeció sin rechistar la orden superior, o sea publicar y machacar sobre el evento que produjo las decenas de muertes ocurridas durante el operativo de Huehuetlán el Chico, acción llevada a cabo por el personal del gobernador Rafael Moreno Valle.
Al periodista Manuel Sánchez Pontón (decano del periodismo poblano), le correspondió ser el primero en investigar in situ el hecho, información que al otro día publicó el periódico Excélsior.
La fuerza bruta
La nota de “Manolete” produjo el escándalo nacional pero también convocó la reacción de los vengadores, varios de ellos en el papel de sicarios del gobernante, empleados que motu proprio o instruidos por su jefe decidieron golpear al periodista con la deliberada intención de matarlo. Luis Echeverría era a la sazón presidente de México y, dicen, ya había ordenado sacar de la bancarrota a los periódicos de García Valseca (su gobierno los compró para después “vendérselos” a Mario Vázquez Raña).
Cambiaron los tiempos. Sin embargo, los nuevos gobernantes conservaron la esencia de antaño. Claro, hoy con una venturosa circunstancia: las manifestaciones políticas cruentas resultarían terribles para sus autores intelectuales debido a la inmediatez de la información y, desde luego, a los millones de críticos internautas que deambulan en la “gran nube”.
Montero Ponce nos recuerda en su libro que “la gratitud es para toda la vida”. Respetable y valiosa la opinión de don Enrique. Pero Manuel Sánchez Pontón sabe bien que las huellas de la injusticia igual pueden ser herencia generacional, legado que en muchos casos se ha convertido en un ejemplo, digamos que genético.
En fin...
Algún día alguien se atreverá a preguntar a Moreno Valle Rosas (si acaso éste se deja) lo que piensa sobre ese tipo de dotes y qué representan para él los periodistas Montero Ponce y Sánchez Pontón.
Ya veremos, dijo un ciego.
Twitter: @replicaalex